El despertador sonó a la hora, pero yo ya llevaba media hora despierto desde que rompió el primer trueno, menos mal pensé cuando lo oía, hoy no juego la final, va a llover, aunque temía que solo fuese una tormenta, tenía miedo, pero no de la tormenta como cuando era más pequeño, miedo de afrontar el día.

  Desde la cama estirado veía las estanterías con todos los trofeos que había ganado y que mi padre puso ordenadamente en ellas, desvié la mirada al instante hacia el “poster” de “Guga” pegando de revés en Roland Garros que tenía en frente de la cama, lo puse ahí para ser lo primero que viese al despertarme, me imaginaba a mí mismo haciendo ese revés, alucinaba, aunque me gustaba más esa pequeña imagen del “poster” en una esquina con su trofeo del 97, no podía parar de ver su cara de felicidad alzando el trofeo, le envidiaba no por ganar, por su sonrisa…

  Estaba cansado, agotado, parecía que ese trueno estalló cinco minutos después de entrar en sueño, pero el motivo de mi cansancio no fue la falta de sueño, la semana había sido agotadora, duerme pronto, levántate pronto para preparar, calienta, concéntrate, come bien, hidrátate, estira, ves al gimnasio, masaje cuando toca, vigila la tensión del cordaje, entrena el día libre y encima  juega el single y el doble llegando a la final en las dos pruebas en esos 34 grados de verano en una semana de ola de calor, estaba doblado y vacío emocionalmente, pero lo peor de todo aguantar a mi padre…empezó a llover…Vamos…

  5 minutos después de sonar la alarma mi padre entra en la habitación todo enchufado, eran 7:05 am, en 4 horas jugaba la final del campeonato de España infantil en mi club, mi padre todo metido en el papel me trajo un vaso de agua a la cama para empezar a hidratarme, el agua con el estómago vacío me sentaba como una losa, ya la había probado antes,  no le decía nada, sabía que no tenía opción, me la tuve que beber aunque no quería, después de unos buenos días protocolarios empezó a hablar de Tennis, me dijo que Safin había perdido el día antes en semis no sé dónde, todavía no se enteraba que yo era “Guga”…

  “—Tendrías que poner un poster de Safin.”

  “—Vale papa ya lo pondré.” —Que pesado, pensé.

  La noche anterior mi padre me mando a dormir a las 9 30 después de cenar pollo con arroz, un suplicio, mientras cenaba no paraba —“Has de jugar como Safin.” Empezó a hablarme de que mi juego era como el de él…

  “—Para Papa…”

  “—No, no escúchame, si haces el revés como Safin nadie te gana…”

  Que pesado, todavía no se había enterado que yo quería ser como Kuerten…por eso hacia el revés a una mano, no paraba de hacer alusiones a la final que iba a jugar…

  “—Mañana cuando empieces elige restar…” yo no hablaba, no escuchaba, ni siquiera eso… no dejo venir a mis amigos al atardecer como solemos hacer todos los sábados para jugar un rato a la “Play 2” todos juntos, ver nuestra serie y cenar unas pizzas, solo pensaba en la rabia que tenía que todo me producía, al acabar la cena seguía.

  —“A dormir que mañana jugaMOS la final.”

  —“Espera un poco que quiero ver mi serie.”

  —“No que has de estar descansado, a dormir.”

  Empecé a ver la serie en la TV que tenía en mi habitación, mi padre pasó al momento.

  —“¿Qué haces? Apagué la tele al oír sus pasos por el pasillo, me quedo sin verla, joder no tengo ni una…

  —“Nada aquí leyendo”. Rápido al libro de Robinson Crusoe, me encantaba, los dos estábamos solos…

  —“¿Te traigo el “Supertennis?.”

  —“No, no, ya voy a dormir”.

  —“Descansa que mañana es un día importante”. Cuando se fue seguí leyendo a Robinson ayudado de una linterna pequeña que me iluminaba las paginas, el tipo sabia sobrevivir solo, yo no sé si lo lograré…

  La verdad es que no me importaba nada, no podía dormir, me mensaje con mi amigo con el móvil Nokia 3310 que acababa de salir al mercado y que mi padre me lo había comprado al ganar un torneo hace dos semanas, no me contesto, estaría viendo la serie, seguí leyendo un poco más y ya cuando estaba adormecido mi madre abrió la puerta bien entrada la noche, me tapo, me dio un beso…

  —“Mama.” — la llamé cuando salía de la habitación.

  —“¿Qué quieres hijo?”

  — “Quédate conmigo…”. Se quedó un rato, me acurruque a ella…me abrazo, me sentí seguro por un momento en muchos meses, me dormí pensando que jugaba contra “Guga” y le ganaba…

  Salgo de mi habitación y voy al desayuno a las 7:30 y ahí estaba el plato de pasta y las bebidas energéticas.

  —“Yo prefiero la leche con galletas de la mama.”

  —“Se es profesional 24 horas.” — me replica.

  Seguía sin tener opción, no sé por qué luchaba, “infotibles” pero con voluntad me los comí, mi madre me dio un beso y me susurro al oído: —“da igual si ganas o pierdes siempre serás mi pequeño”. Era mi único oasis de amor, me refugiaba, —“ahora prepara la bolsa”. — me dijo. Mi padre siguió mis pasos y mi madre le llamo para no sé qué cosa del banco, menos mal, que alivio, me guiñó el ojo…

  Cogí el raquetero y puse las 6 Head último modelo con las que Safin jugó y ganó Us Open el año pasado, con cordaje Luxilon recién encordadas, cuatro camisas de cuello y dos pantalones para partido, cuatro camiseta de entreno, cuatro pares de calcetines, unas zapatillas nuevas de recambio y un chándal, todo Nike ultimo para modelo, todos cumplían su parte de los contratos que mi padre había firmado, seguramente harían lo mismo con muchos jugadores a nivel mundial año tras año, alguno estaría en la élite, es la ley de la probabilidad, pero mi padre se creía que yo era el único y el más bueno.

  Sobre 8:30  nos dirigimos al club con mi madre en el coche, la pobre callada y mi padre resaltando la derecha de aquel o los fallos del otro, narrándome los últimos resultados del adversario en comparación a los míos , has de ser como tal me decía, aquel no llegara a nada… me puse los cascos, estaba hasta los huevos, mi cabeza empezaba a odiar todo, a todos, menos a mi madre, pero el odio superaba al amor, el viaje 20 minutos fue eterno, yo no quería llegar y mi temor se hizo realidad, el sol había salido, había sido solo una tormenta, y jugaba seguro, mierda…

  A las 9 llegamos al club y me fui a ver a un amigo de la escuela de tenis, dejo de jugar el año pasado ya que no le gustaba, quería ser futbolista…a mí me pasaba lo mismo, por otras razones, pero continuaba, él tuvo cojones…yo no sabía cómo tener otra opción, como gritar, como encontrar fuerza, como romper la rabia…nuestros padres se llevaban bien.

  —“¿Cómo estás?”. — me pregunta.

  —“Estoy cagado tío, no he dormido en toda la noche”.

  —“Tranquilo que juegas un huevo y el otro está atrapado de revés”.

  —“Ese no es el problema, como pierda me mata, ya sabes cómo es”.

—“Ya tío, a mí el mío al menos me deja en paz desde que no juego, pero tampoco me dice nada, ¿Viste el último capítulo anoche?”.

—“Que va, mi padre me envió a dormir cuando empezaba”.

—“Tranquilo que lo grabe en el video, lo vemos juntos otro día”.

  —“Cojonudo, no me la cuentes, gracias, me tengo que ir, que me estará buscando seguro, luego te veo”.

—“Vale tío”.

Efectivamente me estaba buscando, —“¿Dónde estabas?”.

—“había ido al lavabo”. La mentira se había convertido en mi verdad.

—“¿Te pasa algo?”.

—“No, solo estaba… ya sabes…”.

  Junto con mi entrenador me dirigí a la pista a calentar, mi padre lo había contratado después de una conversación hace unos meses en la cual le resalto lo bueno que era y que con el ganaría un “Gran Slam” seguro, cada vez que lo veía en un torneo se tomaba un café con él, yo no lo conocía, solo veía todos sus títulos de entrenador en su camiseta, bien visibles.

  Cambié a entrenar a un gran centro, me perdía, no conocía a nadie, no tenía amigos, yo quería estar con mi Coach de la escuela del club, Xesc, y con los compañeros que crecí, estaba feliz con ellos, estaba conectado con él, entendía y controlaba el terremoto que llevaba dentro y encima me enseñó a pegarle a la bola, siempre se quedaba media hora conmigo a simplemente jugar unos juegos contra él, hacíamos un mini para acabar, siempre me ganaba, —“Hoy te gano seguro”. —“Ni en coña, aunque seas el 1 siempre te ganare al mini”. —“Ja, ja, ja, ja, que cabrón”. Estaba muy unido a él, nunca pidió nada a cambio, quería estar con él, nadie me pregunto, no tuve opción, una vez más…nunca tenia…

  Empecé a calentar en la central hora y media antes de la final, calentamiento con todo tipo de artilugios, que si ahora gomas, ahora pelota medicinal, etc etc…me preguntaba si “Guga” hacia lo mismo en Brasil con mi edad,  mi amigo vino a ver si quería calentar con él como siempre había hecho cuando jugaba en mi club, y ante una mirada se fue, al irse me comprendió, mi padre se sentó en una silla de un línea en el calentamiento, Xesc nunca lo permitió, a lo mejor por eso no lo aceptaba, no podía dirigir, ahora si puede, mi Coach todavía no se ha enterado que a mí no me gustaba eso, a lo mejor sí pero prefería estar con alguien que jugaba finales, yo era su instrumento…

  Durante el peloteo con mi Coach cada fallo me quejaba del bote de la pista, —“No bota una bien, vaya mierda de pista”. Mi padre hizo llamar a los pisteros para que pasasen la pista, otro fallo de derecha, —“Mueve las piernas”. —Me dice el Coach. —“Ha sido la línea, boto mal.”

  No podían hacer nada, nadie me dice nada, mi Coach callado y mi padre solo sigue todos los movimientos del calentamiento aprobando cada acierto o desaprobando cada error, sin hablar, no le hacía falta, no contradecía a mi entrenador como con Xesc al principio de empezar a ganar torneos, pero tardaría poco…yo seguía justificando cada error con alguna excusa.

  …Mi madre tomando un cortado en la terraza del club miraba toda la película con cara de circunstancia conversando con sus amigas del club a las cuales no prestaba atención…

  Toda la semana fue igual, mejor dicho siempre ha sido igual, el tenis estaba por encima de mí, siempre a mi lado en los clubs, como jugué, porque no hiciste esto o aquello, recriminando cada derrota, hacía meses que no me abrazaba, echaba de menos jugar con mi padre, solo jugar por diversión, ya no tenia Padre, lo echaba de menos, el móvil no me importaba, las raquetas no importaban, no me importaba nada…ya no podía ir con mis amigos a simplemente estar con ellos a la salida del colegio, debía ir a entrenar todos los días, echaba de menos todo lo pasado, quería romper todo…me decía como jugar delante de Xesc, este decía lo que pensaba, no se callaba, yo le miraba y asentaba como diciéndole ya me dirás luego, cada punto gesticulando para bien o para mal, si fallaba y miraba cabeza cabizbaja gesticulando un no que me tumbaba, si la metía lanzaba un puño al aire que no me hacía efecto, estaba muerto por dentro, sin emoción…

  Hoy HEMOS ganado le decía a todo el mundo por el club, ese HEMOS se me calvaba en el corazón como espinas, solo hablaba de mis excelencias y del futuro, Xesc lo evitaba, los socios lo evitaban, los árbitros lo evitaban, tan solo algún padre se acercaba a él, yo me avergonzaba…yo era el que sufría, solo Xesc y mi madre se enteraban…

  Mi entrenador me dió los últimos consejos, algo más tarde mi padre me dijo lo contrario, ya empezaba, este simplemente comulgo, acuérdate de Safin, me dice, estaba tan harto de Safin que no lo quería ver ni por la tele, no sabía qué hacer, estaba confuso, me sentía presionado por todos los lados, la cabeza me iba a explotar…

  Empezó el partido sacando yo, fallo el primero y pienso que voy a hacer doble falta…doble falta…siguiente punto fallo el primero y las piernas me empiezan a temblar, estaba colapsando, no podía respirar, el corazón a mil y no había empezado a correr, otra doble…mirada inquisitoria…no podía más…todo exploto en mi interior, una energía incontrolable brotaba del centro de mi ser, me gire hacia donde estaba mi Padre, y sin ser consciente de nada le grite con todas mis fuerzas:

—“DÉJAME EN PAZ”.

  Era la primera vez en meses que era yo, que expresaba algo mío, grite liberando toda la rabia de mi interior, rompí la raqueta contra el suelo en mil pedazos, era la primera vez que la tiraba tan contundente, el público enmudeció, el árbitro se sorprendió de mi reacción, mi madre empezó a llorar, no me gustaba a mí mismo, el tenis era lo que más he amado, pero me estaba haciendo infeliz, lo odiaba con todo mi ser…mire al cielo pidiendo lluvia…quería desaparecer bajo la tierra de esta pista a aunque algo dentro me mí se empezó tranquilizar…

  Me acuerdo como si fuese ayer, me quedé cinco minutos en la cama después de despertarme recordando, reviviendo en un día tan especial como hoy, levántate me dije, a funcionar, antes de salir para el gym a las 7, pase por la habitación de mi hijo su amigo, estaban dormidos como un tronco, le di un beso y me fui, había llovido y tronado al amanecer pero ni se habían inmutado, ni se me ocurrió despertarlos ya que hoy jugaba la final del campeonato de España infantil en nuestro club y la semana había sido agotadora para él tanto físicamente como emocionalmente, jugaba single y doble a 34 grados en una ola de calor que asolaba el Mediterráneo, entrena, concéntrate, estira…en fin todo lo relacionado con su actividad, descansa pequeño pensé, lo harás bien…

  Su amigo de la escuela vino a pasar la tarde con nosotros y más tarde mi hijo le invito a quedarse a dormir, jugamos un rato a la “play PS 7” los tres juntos el sábado por la tarde y cenar unas pizzas mientras veíamos el último capítulo de nuestra serie todos juntos, antes de ir a dormir nos quedamos un rato hablando y contando anécdotas y chistes, me di cuenta que se estaba haciendo tarde.

—“Venga chicos a dormir todos, que ya pasan las 10,30”

—“Espera Papá, la última a la play, que le gano seguro.”

 —“Eso te crees tú, te gano yo fácil.” —Responde nuestro invitado.

—“Venga chicos, la última que hay que dormir para crecer.”

—“¡Pero si yo ya soy alto!”

—“¡Pues ser más fuerte!”

—“¿Tú también Papá?”

—“Si yo también, cariño nos vamos a dormir, le guiñe un ojo.”

  Antes de cerrar definitivamente los ojos pase a verlos y estaban los dos roques, mi hijo le dejo su cama para dormir y él durmió en el suelo encima de unas mantas, querían dormir en la misma habitación y mi hijo le gustaba tratar bien a sus amigos cuando venían a casa incluso sacrificando alguna de sus comodidades, le di un beso y le susurre al oído un te quiero.

 Me quede observando su habitación un momento, tenía un poster de Nadal en la pared de enfrente de la cama, aunque nunca lo vio jugar pero me preguntaba mucho por él, lo adoraba, había visto mil partidos suyos en You Tube, por un momento me acorde del poster de ”Guga” que tenía yo, algunos trofeos por la habitación y uno en concreto encima de todos, era el que masa le gustaba, el primero que ganó, un torneo del club cuando tenía 11 años, me preguntaba hacia donde llevaría todo esto, cuál sería su destino, no como tenista si no como persona, ¿lo estaba haciendo bien?.

  Cogí una de sus raquetas, hice algún “Swing” de derecha, toque las cuerdas poniéndolas bien alineadas, las dudas asaltaban mi cabeza, lo veía feliz, pero ¿Era su interior feliz también?, no quería estropear una niñez, no quería cimentar el adulto sobre sentimientos contradictorios, sobre presiones, sobre emociones contrarias, sobre mentiras, sobre expectativas de futuro que un niño no puede asumir, quería un adulto física y emocionalmente sano, lo demás era él mismo el cual debía encontrar su camino, pero sobre todo no quería alejarme de mi hijo, esa idea me aterraba, por mí y por él, mire al cordaje, hice esta vez un “Swing “ de revés, mire a través de la ventana abierta  y pedí a no sé quién una aprobación o una señal que lo estaba haciendo bien, obviamente no encontré ninguna, sonreí…

  Llegue del gimnasio a las 9 30 de la mañana, mi hijo estaba desayunando leche con galletas que le había preparado su madre, su colega y yo desayunamos lo mismo, estaba tranquilo y feliz por la mañana, la final no estaba presente, al menos en el ambiente, por dentro seguro que si la llevaba, no iba a ser yo el que la sacase a fuera, el sabría manejar esas emociones, debía aprender a manejarlas, a masticarlas y digerirlas por sí mismo si quería ser tenista, yo estaba con él, no podía ni debía hacer otra cosa, durante el desayuno mi hijo y su compañero compartían anécdotas de la escuela de tenis .

—“Te acuerdas del pelotazo que me dio.” —Le dice a su amigo.

—“¡Si tío, casi te da en los huevos!” —Le responde acabando con risas los dos.

  AL acabar el tazón de leche con galletas se fueron a la habitación a preparar la bolsa, puso las tres raquetas del año pasado que le regalamos en su cumpleaños, polos, pantalones y calcetines que compramos para la final el día anterior, no tenia zapatillas de recambio, él quería jugar de Nike, rechace varias ofertas de marcas, mi chaval no estaba preparado todavía…

  Después de las semis, ayer por la tarde, fuimos a comprar un equipo nuevo para jugar la final a unos grandes almacenes, de esos donde los niños quieren todo.

—“Papa que te parece este último modelo de Nike.”

—“No es necesario, mira este que está muy bien.”

—“¡¡Yo quiero el Nike!! —Me dice resignado.

—“Sabes hijo” —Le digo mientras escogíamos la ropa. —“No es necesario, esta hace la misma función y es muy bonita, además tendrás Nike a su debido tiempo, hay que aprender a esperar.”

—“Pero Papá…” —Sigue resignado.

—“Verdad que siempre que has querido una cosa la has tenido.”

—“Si Papa.”

—“¿Y cuando la has tenido?.”

—“¿Cuándo me he esforzado y superado a mí mismo?.”

—“Correcto, ya lo sabes todo a su debido tiempo…haremos una cosa, si mañana te esfuerzas te comprare el primer equipo Nike.”

—“¿Si gano?”

—“No, si te esfuerzas y te ganas a ti mismo, no al rival ni el partido hijo, eso no es lo importante”. —Se quedó algo más tranquilo.

  Sonó el timbre de la puerta, era Xesc, su entrenador del club que había venido a buscarlos, pasa pasa le dije, entro en el comedor, Xesc y yo nos hicimos amigos personales a medida que iba creciendo, aunque  eramos de edades distantes habíamos compartido muchas cosas que nos fue uniendo, ahora lo considero uno más de la familia, fue el padrino de mi hijo cuando nació, entra en nuestra casa cuando quiere, aunque nunca ha usado ese derecho para aprovecharse, mi hijo está muy unido a él y eso me hacía feliz y me daba tranquilidad.

—“¿Un café y esperamos que bajen?” —Le pregunto.

—“SI gracias crack.”

  Mientras hacia las tazas en la Nespresso hubieron unos minutos de silencio, era un día emocionalmente intenso para mí, él lo sabía, quería llevarlo con naturalidad, al igual que yo, aunque dudaba si sabía o pudría disimularlo.

—“Como ves al chico.”

—“Bien, creo que está bien, supongo que algo nervioso, normal.”

—“¿Te acuerdas cuando jugaste tú?”

  Aunque había hecho las paces con el pasado de juventud casi no hablaba de él.

—“¿Si tío me acuerdo como si fuese ayer?”

—“¡Joder vaya grito le pegaste a tu Padre!”

—“SI macho, me quede a gusto, no podía más la verdad, ya lo sabes, tú también lo viviste.”

—“¿Qué tal con el viejo?.”

—“Cambia poco, ya lo conoces, aunque mejorando y acercándonos.”

—“¿Que vas a hacer con el chico?, parece que juega bien, creo que es mejor que tú.”

—“Sera lo que será, el chico está bien donde esta y con quien esta.”

—“¿Pero el club se le puede empezar a quedar pequeño?”

—“¿Pequeño para que, Xesc?”.

—“Para progresar.”

—“Parece mentira que digas eso Xesc, tu y yo conseguimos ir para delante en este club.”

—“Si, pero el Tennis ha cambiado.”

  —“Si pero las personas no y si el Tennis está dentro de él saldrá en cualquier lugar, sabes que el chico está bien, que quieres que lo saque y lo ponga con tal o con cual, cambiarle de colegio, cambiar todo su entorno, además de la presión añadida, tambalear su confianza, rodearlo de gente que él no conoce y que no sabemos sus motivaciones, su felicidad y su fortaleza no la voy a poner a poner en la mesa, cuando esté preparado se hará, cuando sepamos si es jugador, tu sabes como yo que esta final  no significa nada, la gane o la pierda me importa un pito, todavía no ha empezado a jugar en serio, veremos si es jugador, veremos si deja todo por jugar, y  para eso aun ha de perder mucho, perdona Xesc pero no, ¿o lo cambio como hizo el viejo conmigo?.”

—“Tú fuiste adelante.”

—“Pero yo no soy él, y en todo caso ¿a costa de qué? De mi interior, de la relación con mi familia, de años de rabia, no Xesc, el chico se va a quedar contigo en el club, si tú quieres claro, en su entorno, solo tiene 13 años.”

—“Gracias por la confianza.”

—“Otra cosa.”

—“Dime.”

—“Que el tiempo que esta contigo eduques a una persona y luego entrenes al jugador, igual que hiciste conmigo”.

—“Sabes que sí.”

—“¿Sabes otra cosa Xesc? Y nunca te lo he dicho.” —Ante mi súbita seriedad su rostro dibujo una expresión más atenta, más sobria.

—“No dime.”

—“Que me encantaba Safin, partía la bola, era solo para llevar la contraria.”

  Jajajaja, nos descojonamos y se le cayó el café en la camiseta, le dejé otra, bajaron corriendo como una estampida de ñus en la sabana, llegamos tarde, tranquilo le dije vais bien de tiempo, salieron por la puerta y entraron en el coche, nos vemos luego… se fueron y empecé a pensar que mi hijo se estaba haciendo grande.

  Salimos de casa y fui a recoger a mis padres, con el viejo la relación estuvo fría hasta que yo, ya entrado en años de madurez, empecé a digerir toda la mierda del pasado y superarla, el entendió, o no, no lo sé, ya me daba igual, ya había comprendido que yo no tenía culpa de nada de lo que ocurrió en mi interior.

  En el trayecto al club mi padre empezó con la final, si debes hacer esto o aquello, que lo cambie de entrenador etc, etc…

—“Basta le dije…ese no es tu hijo es el mío, está bien donde esta, basta o te bajas aquí mismo en medio de la carretera.”

  Mi madre le dijo lo mismo, mi mujer me cogió la mano que tenía en el pomo del cambio de marchas y al mirarme asintió, como diciendo, estoy contigo, estamos juntos, era mi cimiento, llegamos al club y mi chaval y su amigo estaban en la pista 1 donde se iba a jugar la final, pase a verlos, no entre en la pista, mi padre quiso entrar en la pista, pero no le deje entrar, hay que respetar el trabajo de los demás, ya tiene su entrenador, le dije, su madre y la “yaya” después de saludarlos se fueron a la terraza a esperarme para un segundo café, antes de poner la primera bola en juego nos vinieron a saludar, nos dimos un beso.

—“Dale unas bolas que te quiero ver, ¿habéis calentado ya?”.

—“Si papa, he hecho un mini con Xesc, casi le gano”.

—“Hijo, aunque seas el número 1 a Xesc no le ganaras al mini en tu vida.” — Xesc me guiño el ojo.

  Mientras peloteaba con su compañero, todo metido en el papel, con su camiseta recién estrenada me mira y me dice:

—“Mira Papá la derecha como Rafa.”

—“Pero si Rafa ya no juega, se retiró hace 13 años”

—“Si, pero era el mejor, ganó 10 Roland, yo ganaré 11.”

—“¡¡¡Para mi Wimbledon!” —Responde su “partner”.

—“Si chicos todo para vosotros.” —Nos reímos por unos segundos antes de dejarlos tranquilos con sus preparativos.

—“Hasta luego chicos, concentraros y calentad bien, hasta luego Xesc, por cierto, ven un momento, ¿tú crees que voy a romper todo esto?.”

—“Nunca lo he pretendido”. —Me responde.

  Me fui a la terraza a encontrarme con mi madre y mujer, pedí un bocadillo y un refresco, mi padre pidió lo mismo, pasaron varios socios a saludarme, al acabar de almorzar pasé por el vestuario para ver al chico, estaba Xesc y su compañero.

—“Suerte hijo, ya sabes, lo que siempre te digo, confía en ti.”

  Le di un beso, la mano a Xesc y salí del vestuario con su compañero, este se fue a la grada a esperar a Xesc y ver la final juntos, me dirigí a la terraza del club para ver la final, era buen sitio, veía toda la pista, pero un poco desde la distancia, sin influir, como me gustaba y me sentía cómodo, yo no era el protagonista ni quería influir emocionalmente.

  Empezó la final sacando el adversario, el pobre empieza con doble falta, se le nota nerviosismo, segundo punto falla el primero y ufff, segunda doble, de repente se giró a su padre que estaba sentado en primera fila y grito:

—“DEJAME EN PAZ…”

  Esto yo ya lo había vivido, pobre chico, una sensación recorrió mi cuerpo, un recuerdo, mi padre sentado al lado mío y yo nos giramos al mismo tiempo, nos miramos, se acercó a mí y me abrazo como cuando tenía siete años y empezábamos a jugar por diversión, fue un abrazo suave, pero a mí me pareció muy intenso, sentí que nos volvíamos a ver después de treinta años, de alguna manera así era, se separó de mí, quería decirme algo, tardo unos segundos hasta articular la frase, pareció una eternidad, el chico en la pista se puso a llorar, el viejo por fin mueve las cuerdas vocales y entrecortadamente me dijo:

—“Perdona hijo.”

—“Ya te había perdonado, pero no lo sabias.”

 

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